Rosales.– La tarde de este día se tiñó de dolor en las calles San Luis Potosí y Sonora, donde fue localizado sin vida el joven Francisco Javier Jiménez López, de apenas 15 años, al interior de su domicilio. La noticia sacudió no solo a su familia, sino también a una comunidad que aún intenta comprender lo ocurrido.
La escena se volvió especialmente desgarradora cuando, a la distancia, comenzaron a arribar compañeros de escuela del menor. Con el uniforme aún ausente —pues no habían regresado a clases—, observaban en silencio cómo el área era acordonada y una camioneta del Servicio Médico Forense (SEMEFO) ingresaba para realizar el levantamiento del cuerpo. Muchos no pudieron contener las lágrimas al entender que aquel amigo con quien compartían risas y planes ya no volvería.
Entre sollozos, los adolescentes relataron que apenas el día anterior habían recibido un mensaje suyo para reunirse e ir a una tienda. “Lo vimos bien, nunca nos dijo que tuviera problemas o que estuviera triste; no sabemos por qué lo hizo”, compartieron con la voz quebrada. Sin embargo, hoy, poco antes de las tres de la tarde, Francisco Javier les envió un mensaje de despedida por WhatsApp, palabras que ahora pesan como un eco imposible de borrar.
Sus amigos sabían que vivía con su padre y su madrastra, mientras que su madre reside en Estados Unidos. “No sabemos si tenía problemas en casa”, dijeron, aún incrédulos. Lo que sí tienen claro es que su lugar quedará vacío en el próximo regreso a clases, y con él se irán las vivencias, travesuras y anécdotas que pudieron convertirse en recuerdos entrañables en la adultez.
La comunidad educativa y vecinos de la zona lamentaron profundamente el hecho y expresaron su solidaridad con la familia. El dolor compartido dejó una reflexión silenciosa entre los jóvenes: la importancia de escucharse, acompañarse y no callar cuando algo duele por dentro.
Redacción: Mayra Hermosillo González