La reducción en el sacrificio de reses ha obligado a comerciantes a abastecerse con producto importado, mientras la plaga supera los 40 casos en Chihuahua.
La matanza de ganado en el rastro de Parral registra ya una caída del 50% tras la llegada del gusano barrenador al sur de Chihuahua, una situación que si bien no ha provocado desabasto de carne en la ciudad, está orillando a carniceros y taqueros a adquirir sus insumos en supermercados, los cuales son importados de Brasil. El arribo de esta plaga que acumula más de 39 casos positivos mantiene en vilo a autoridades sanitarias y al sector ganadero pues su contención ha costado al menos 30 millones de pesos y las exportaciones de ganado en pie a Estados Unidos seguirán suspendidas hasta que se erradique.
La reducción del 50% en la matanza de ganado en el rastro municipal de Parral, derivada de las medidas sanitarias implementadas tras la aparición del gusano barrenador en el sur de Chihuahua y el ingreso de carne importada de Brasil, mantiene bajo presión a los productores locales, aunque las autoridades aseguran que la carne que llega a las carnicerías de la ciudad continúa siendo segura para el consumo.
De acuerdo con el administrador del rastro municipal, Eduardo Valdez Méndez, el establecimiento opera como un filtro sanitario permanente donde se inspecciona cada bovino y porcino antes y después del sacrificio para detectar enfermedades, incluido el gusano barrenador, además de otros padecimientos como la tuberculosis.
Explicó que el problema del gusano barrenador no representa un riesgo alimentario para los consumidores, sino un problema de sanidad animal, ya que la larva invade tejidos vivos y puede provocar la muerte del ganado. En caso de detectarse un ejemplar sospechoso, este es reportado de inmediato a las autoridades sanitarias y la carne es decomisada para evitar su comercialización.
Valdez Méndez señaló que el personal del rastro recibió capacitación por parte del Gobierno del Estado para identificar oportunamente posibles casos de la plaga, mientras que las inspecciones son supervisadas de manera periódica por la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Coespris), además de contar con un médico veterinario que revisa órganos y vísceras de cada animal sacrificado.